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Creo que he simplificado la publicación de comentarios, así que animaros a hacerlo.

Acabo de publicar un cuento que escribí hace un montón de años en una editorial digital. Visitad mi stand en la tienda y coged un ejemplar electrónico (es gratis):

domingo, 8 de abril de 2012

¿Nos merecemos un gobierno que nos mienta?

He querido encabezar esta entrada por el slogan acuñado en la campaña a las elecciones generales del 2004 por Pérez Rubalcaba reconvertido en pregunta para expresar uno de los principales fallos de la democracia actual que se puede expresar por medio de otra pregunta más directa:
¿Para qué sirven las campañas electorales si lo que se promete en ellas no tiene ninguna fuerza legal como compromiso en las acciones del gobierno resultante de las elecciones?
Un claro ejemplo de esta inutilidad de las campañas están siendo las medidas que viene adoptando el gobierno del PP después de su contundente victoria en la última contienda electoral a nivel nacional.
Como ya se adivinaba que la victoria electoral del PP iba a ser clara y contundente, durante la campaña fueron lo más ambiguos posibles. Declaraban que sabían cómo arreglar el país pero no especificaban cómo iban a hacerlo, cosa que no puede ser más legítima e, incluso, inteligente si pensamos en el nivel intelectual del personal.
Sin entrar en lo que estaba o dejaba de estar escrito en el programa electoral (documento que comprobé que existía y sigue estando disponible) sino en lo que se dijo en las declaraciones públicas, tan sólo se esbozaron unos pocos compromisos, como la no subida de impuestos. Y hasta estos pocos compromisos han sido defraudados en las primeras medidas, aunque prometen que transitoriamente, que se han venido adoptando.
Seguramente estos incumplimientos no les han de pasar facturas en las próximas elecciones ya que cuatro años son muchos años para la memoria. Y menos aún si al cabo de ese término los resultados de las medidas han sido satisfactorios, como esperamos todos (¿o así debería ser no?). Así que qué mas da que se mienta al hacer las promesas o, en el mejor de los casos, no se cumplan.
Por ello, contestando a la pregunta del título, aunque posiblemente su respuesta sea sí, no deberíamos merecernos un gobierno que nos mienta.
Así que para evitarle que lo haga, al menos en campaña, eliminemos éstas. Guiémonos a la hora de elegir nuestros gobernantes exclusivamente por los resultados que han cosechado de su gestión. Si ha sido buena repitamos, si ha sido mala cambiemos al otro partido, suponiendo que exista un bipartidismo. Así, además, nos ahorraríamos el despilfarro de dinero que resultan las campañas y nos evitaríamos el aburrimiento del aluvión de noticias que colapsa el resto de la actualidad en esos malditos días.

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